jueves, 3 de marzo de 2011

Historia de la Cruz de los Jovenes.

Un símbolo ineludible en cada Jornada Mundial de la Juventud, es sin duda la Cruz de los Jóvenes, que recorre países y continentes formando en su recorrido una cadena de un mismo espíritu.
A continuación el relato de su origen, por el cardenal Paul Josef Cordes -hoy presidente del Consejo Pontificio “Cor Unum”-, quien en la primera JMJ, en 1984, era vicepresidente del Consejo Pontificio para los Laicos. 
Reveló esta historia inédita de la Cruz al celebrar los 25 años del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo, dependiente de la Santa Sede, el 15 de marzo pasado.
A comienzos del 1984, el Santo Padre se dio cuenta de que en la basílica de San Pedro faltaba una cruz alta que atrajera la mirada de quien allí rezaba. Hizo por tanto colocar en la Confesión una cruz de madera de dos metros largos.Cuando atravesó por última vez la Puerta Santa, entregó esta cruz a los jóvenes del Centro San Lorenzo y, como si hablara en privado, dijo a los cinco que la recibían: “Al acabar el Año Santo, os confío el signo de este año jubilar: la Cruz de Cristo. Llevadla al mundo como signo del amor de Jesús a la humanidad y anunciad a todos que sólo en Cristo, el Señor muerto y resucitado, hay salvación y redención”.
Los jóvenes tuvieron la intención de tomarse a la letra lo que les dijo el Papa: de llevar de verdad la Cruz por el mundo. 
Comenzaron entonces organizando una pequeña comitiva, rezando y cantando por las calles de Roma, dirigiéndose hacias los centros de los diversos carismas espirituales.
Al final de las procesiones, se celebraban catequesis, la liturgia y una adoración solemne de la Cruz, a menudo según el estilo de la comunidad monástica de Taizé.
Poco después, en julio de 1984, la llevaron a Munich al ‘Katholikentag’. 
Después le hicieron un estuche de metal, para poder transportarla y volaron hasta Baviera. Solicitaron al obispo responsable de la liturgia, difunto monseñor Tewes, para erigirla en la celebración conclusiva de la ‘Olimpiastadion’. El mismo les negó el pedido diciendo: 
- ¡Traer desde Roma una cruz de madera! ¿Acaso en Munich escaseaban cruces suficientemente bellas?
Insistieron diciendo que era la Cruz del Año Santo, y el Papa los había exhortado a llevarla por el mundo como signo de la salvación que viene de Cristo. Aún asi recibieron de nuevo la negativa.
Entonces se pusieron a recorrer las calles bávaras, armados con un megáfono, rezando y cantando, logrando de esta manera impresionar al obispo, el cual accedió finalmente a que la Cruz tenga su lugar lugar de honor durante la ceremonia conclusiva. Al enterarse el Papa de que los jóvenes habían cumplido el encargo de llevar la Cruz por el mundo, dijo  - “Entonces llevadla al cardenal Tomacek, a Praga”.
En ese momento Checoslovaquia era uno de los países más fuertemente seguidores del comunismo. La Iglesia no tenía allí libertad ni espacio vital. Y el gran opositor del régimen, el cardenal de Praga, estaba totalmente aislado y controlado por las autoridades del gobierno.
Sólo con alguna estratagia lograrían llevar la la Cruz hasta el héroe de la resistencia anticomunista, que entonces ya tenía 86 años, y estaba con arresto domiciliario.
Los jóvenes planearon obtener la visa, haciéndose pasar por un grupo de estudiantes de la Universidad de Tubinga, que estaban en viajes de estudios en Praga. Cuando la obtuvieron, se disfrazaron de albañiles, y lograron entrar hasta donde estaba recluido el cardenal, llevando a escondidas la Cruz. Desde ese momento la Cruz no se detuvo. Paso de llamarse “Cruz del Año Santo” a ”Cruz de la Jornada de la Juventud”.Es tanto el deseo de tenerla que se tuvieron que hacer duplicados, para que ante ella, se pueda recordar el amor de Jesús. Ante ella han rezado jóvenes de todos los continentes y, gracias a tales oraciones algunos han redescubierto la relación entre los propios pecados y la pasión del Señor:  La Cruz como un signo eficaz de salvación.